Sant Joan en Menorca: tradición, fuego y el respeto eterno al caballo menorquín

Cada verano, el 24 de junio, hay un lugar en el Mediterráneo que late con una energía que no se parece a nada: Ciutadella, en Menorca.

Imagen de portada

Hoy confieso una de mis citas favoritas en el calendario, las Fiestas de Sant Joan, y es que no son solo una celebración; son una forma de entender la vida, la identidad y el orgullo de un pueblo. Y cada año (no falto ninguno), me siento afortunado de poder vivir una tradición tan pura como intensa.


La primera vez que estuve en Sant Joan entendí que había llegado a un sitio donde la historia no se cuenta… se vive. Sus raíces se remontan al siglo XIV, cuando los “caixers” —miembros de distintas estamentos del municipio— cabalgaban hasta la ermita de Sant Joan d’Artrutx. Desde entonces, poco ha cambiado, y eso es precisamente lo que lo hace tan especial.


Las calles de Ciutadella se llenan de gente, música y olor a gin amb llimonada, pero todo orbita alrededor de ellos: los caballos menorquines. Ese animal negro, elegante y orgulloso, no es solo protagonista; es símbolo. El “bot” —ese salto casi vertical en medio de una multitud que contiene la respiración— no es un truco, ni un espectáculo pensado para turistas. Es un rito que exige una conexión absoluta entre caballo y cavaller. Una confianza mutua que emociona incluso a quienes no han montado a caballo en su vida.


Siempre que voy con amigos que no lo han vivido antes, lo primero que explico es esto:

Aquí se viene a observar, a respetar y a entender. El caballo menorquín es parte del alma de la isla, y todo en Sant Joan está construido para proteger esa esencia. La gente abre el paso, nunca empuja, nunca invade el espacio del animal. Se respira un respeto casi sagrado. Y eso —créeme— cambia la manera en la que uno vive la fiesta.

Entre los actos más emblemáticos está el Caragol des Born, donde los cavallers recorren la plaza al ritmo de la música tradicional. También el Jocs des Pla, donde la destreza del jinete se mezcla con la emoción del público hasta crear ese ambiente que solo las fiestas antiguas, intactas y vividas de verdad pueden generar.

Pero más allá de lo multitudinario, de los botes y del bullicio, hay momentos que guardo como un tesoro: una calle estrecha donde el eco de los cascos resuena contra la piedra, un caballo que pasa a tu lado tan cerca que puedes sentir el aire que desplaza, una familia menorquina explicándote que llevan generaciones viviendo la fiesta igual, sin modificar ni un detalle.


Menorca tiene esa capacidad mágica de hacerte sentir parte de algo que existía mucho antes de que tú llegaras. Y que seguirá existiendo cuando te vayas. Y Sant Joan… Sant Joan es la mejor prueba de ello.


Este año, en desdezaragoza te damos la oportunidad de ir a vivirlo. Del 20 al 25 de Junio, con vuelos, hotel y traslados al aeropuerto. Porque si alguna vez sueñas con un viaje donde tradición, emoción y belleza natural se unan de forma auténtica, este es uno de esos destinos.

Porque hay fiestas que se celebran…

Y luego está Sant Joan, que se siente.

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